El Mundo en un Espejo

 

 

 

NOCHES BLANCAS EN UNA CIUDAD DYLANITA

FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE
FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE

La experiencia nos dice que los proyectos conjuntos tienen mayor proyección, aunque también se alzan algunas voces defendiendo la poca idoneidad de multiplicar las propuestas en aras a no desvirtuar el sentido inicial de las mismas y diversifican a los asistentes. Nos quedamos en el siempre deseado y no siempre alcanzado término medio. Desde esta difícil posición aplaudimos la idea de multiplicar la Noche Blanca, haciéndola coincidir con una personal celebración conmemorativa del cumpleaños del carismático Bod Dylan.

En un acertado intento por romper el tradicional inmovilismo de las galerías de arte, Amaga acompañó la exposición de Estrella Sánchez con un recital de poesía y música a cargo de Carlos Vara y José Miguel Merenciano. Una emotiva combinación que supo conectar con los asistentes, haciéndoles vibrar a golpe de sensibilidad. En Vorágine, rodeados por las fotos de Fran Vaquero, sugerentes y poco convencionales, el grupo de jazz Patrulla Dixie se metió al público en el bolsillo. El sonido Dixieland unió a una variopinta congregación deseosos de disfrutar de una noche diferente.

Si sugerentes y exquisitas fotografías fruto del exquisito trabajo de Javier Barcena y Manuel Gutiérrez, enriquecidas gracias a la creatividad de las ceramistas Ana Barrio y Diana Coanda, las pasamos a los músicos Marcos Pérez y Eva Fernández para dotarlas de evocadores sonidos y posteriormente, la coreógrafa y bailarina Myriam Chamorro, los interpreta a través de la expresión corporal, dotando a las imágenes iniciales de armoniosos movimientos, estamos ante Corpografias 1.0. Un todo en si mismo, un espectáculo que reclama mayor proyección porque el resultado final es creativo, imaginativo, realmente magnífico.

Dentro de estas noches donde la personalidad marcó la diferencia, nos adentramos en el mundo de Dylan no solo a través de su música sino también con exposiciones fotográficas, actuaciones de admiradores y seguidores o descubriendo mil y un historias en improvisadas cenas o reuniones nocturnas donde la improvisación y la conversación acortan las horas, reúnen a amigos, aúnan las risas. Ha sido estupendo estar con todos, disfrutar de cada momento 

 

UNA NOCHE DE CINE

La noche requería ingenio y determinación al más puro estilo de Katherine Hepburn, además de grandes dosis de imaginación. Una vez Robert Redford lavó mi cabeza como solo el sabe hacerlo, Stanley Tucci compartió sus impagables conocimientos en cuanto a estilo y distinción se refiere, abalados por su trabajo en Vogue. Preparada adecuadamente para la extraordinaria ocasión, me reuní con unos viejos amigos: Alfred Hitchcock, Billy Wilder y John Ford en al Rick´s cafe. Nadie toca el piano como el entrañable Sam

La conversación se llenó de mil y un recuerdos, los repetidos viajes a la Toscana, las vacaciones en Roma, o aquella tremenda fiesta cuando terminé desayunando frente a Tiffany, enfundada en un increíble diseño de Givenchi. Alfred habló del gran Truffaut, del laberíntico e irónico mundo de las pasiones, de lo engañoso de las apariencias, los grandes sentimientos humanos como la culpabilidad o el amor y de la identidad del hombre en crisis.

Mientras Wilder se dedicaba a las mujeres, adorables con faldas y a lo loco, Sabrina, Fedora, a las mundanas historias de aquel mítico apartamento o al crepúsculo de los dioses. John por su parte, siempre fiel a su clasicismo heroico, recordó los viajes en diligencia, Fort Apache, Río Grande, o la elegante Africa de Mogambo.

Cuando en un momento indeterminado sonó “Por una cabeza”, no pude detener pies e ímpetu ante la invitación de Al Pacino. ¡¡¡Pura pasión!!!

En un intento por rebajar la tensión, John me acompañó con el Twist, Jack Rabbit Slimms. Con un sorprendente e inesperado resultado, incluso para mi. 

La noche fue larga, amena la conversación y numerosos los gin tonic. Tal vez por ese motivo, el final emulando a Anita Ekberg no resultó exagerado, ni tampoco el juramento, poniendo a Dios por testigo, sobre una próxima reunión con otros grandes amigos.

 

VERÓNICA FORQUÉ EN FEMENINO

FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE
FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE

Hablar en femenino, lleva parejo hacer referencia a sentimientos, sensaciones, percepciones. En la obra Shírley Valentíne, Verónica Forqué borda un vivaz y sincero monólogo, lleno de matices sobre los sinsabores de un ama de casa frustrada y resignada.

Ante el espectador,  una actriz madura con claro dominio de las tablas que no interpreta, abre el corazón, poniendo sentido y sensibilidad en cada frase, argumento, sonrisa, llanto. Con ella, una se siente partícipe de un mundo compartido por otras féminas.

Las mujeres somos complejas, dañinas entre nosotras, competitivas, envidiosas ….. dejémoslo ahí. Volviendo al mundo con A, cuando de forma extraordinaria experimentamos afinidad y complicidad, como dice una amiga, no hay nada mejor.

A lo largo de la obra una siente simpatía por Shírley, a pesar de malgastar la vida, permitir su desaparición como ser humano o su sumisión y letargo. Acompañandola en el repaso, en clave de humor, de la soledad en femenino, esa que habla de grandes silencios, profundos sentimientos, inmenso amor, sexualidad no siempre satisfecha, de dar sin recibir e incomunicación. Es éste el mejor tono para afrontar clásicos tabus, personales revelaciones, sentimientos inconfesables.

El discurso de Shírley reconforta. Siempre es grato comprobar como surge la vida de entre las cenizas, se erige el ser humano sensible y cálido del ama de casa triste y alienada,  como sacrificio no siempre es sinónimo de amor.

Shírley habla de esperanzas, anhelos, entona un sincero llamamiento a hombres y mujeres como partícipes de una realidad digna de ser compartida.

¡Brindemos! El mundo es un magnífico lugar donde levantar nuestras copas.

 

WINCHESTER EN DIRECTO

FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE
FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE

El Floro es uno de los  locales avilesinos más emblemáticos, unido a la música desde siempre. Volver allí representa regresar a tiempos lejanos con otros protagonistas, con viejas historias. A pesar del cambio de decoración, conserva el encanto reservado a los lugares donde se rinde culto a la música, la acústica perfecta para tan reducidas dimensiones. El Floro sigue siendo un rincón para descubrir y compartir momentos especiales.

Quizás por ese motivo, el grupo Winchester lo eligió como escenario para presentar su primer EP (disco pequeño) y descubrir a los asistentes nuevos derroteros. Apasionados del rock sureño, comenzaron en 2010 como trío con los guitarristas Nacho Iglesias, Germán Gilsanz y el bajista Kike García. El año pasado, con la incorporación del batería Pablo Pravia, llegó un importante giro en su música. De lo acústico a lo eléctrico, de versionar a componer, el creativo percusionista y técnico de sonido ha revolucionado la banda, sugiriendo, muy acertadamente, un cambio de trayectoria con la que han ganado en todos los aspectos.

La maqueta, grabada en sus estudios con pocos medios, sorprende por la calidad y mimo con que ha sido realizada. Sin duda una buena tarjeta de visita para darse a conocer cara a los conciertos de verano. En sus actuaciones, Winchester consigue reunir a varias generaciones de seguidores, creando en los directos un ambiente poco habitual pero sin duda muy personal. 

 

SONIDOS DEL MISSISSIPPI

FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE
FOTOS: MERCEDES DE SOIGNIE

El blues conmueve los espíritus exaltados por olores y sensaciones en las cálidas noches de verano.

Acudes a la cita en la mejor predisposición, decidido a disfrutar del momento y te encuentras con un espectáculo que se proyecta fuera del escenario envolviéndonos, arrastrándonos a otros tiempos y lugares.

Abalados por premios y buenas críticas, Zac Harmon Blues Band superó cualquier expectativa. La música nos envolvió casi sin percibirlo, su fuerza y entrega habló de sentimientos y deseos. El carismático Mississippi conquistó nuestras almas, arrancándonos de los sillones para convertir el teatro en una gran fiesta con diferentes gentes unidas en esencia.