DECISIONES

FOTO: ANA BARBOLLA
FOTO: ANA BARBOLLA

Cuando decidió dejar de fumar, durante meses le acompañó una cajetilla de tabaco. En momentos de ansiedad, la posibilidad de coger un cigarro y prenderlo, sentir su presencia en la mano, reafirmaba la determinación, renovaba la decisión. Nofumaba porque así lo decidía. Esa certeza daba fuerzas para continuar un día, un mes, un año.


Durante media vida a las siete de la mañana sonó el despertador cinco días a la semana, medio dormida pensaba en lo sencillo que sería dar media vuelta, una indisposición, un asunto familiar, un fallo mecánico. Esta realidad daba sentido al acto de arrastrarse camino del baño y proceder a la consabida reconstrucción. Esa secuencia se convirtió en costumbre, en una forma de afrontar obligaciones y devociones que de todo hubo siempre.


Un buen día, no sonó el despertador y si lo hizo no era necesario levantarse. No había ganas, ni una buena razón para ello. Un profundo cansancio conquistó el cuerpo e invadió el alma, era el desaliento de una realidad estéril. 


Cuando la voluntad flaquea, algunos estímulos acuden en su ayuda, unos vienen, otros se buscan. Es entonces cuando simplemente sigues hacia adelante, consciente de tu propia decisión, porque no has llegado hasta aquí para darte por vencida

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