DESNUDOS AL FIN

Recogido con fotos en, "Detrás del Mostrador"

Hoy hablaré,

 

De saltos a profundos charcos aún a sabiendas de perecer ahogada, o de altura,  siempre temerosa de acabar aplastada contra el duro asfalto.

Del convencimiento de que el mundo no requiere la existencia de personas grises y yo, tampoco.

Del éxito de aprender a decir no cuando así lo sientes, de asentir cuando la ocasión lo merece o simplemente así lo crees.

De lagrimas que nublan la mirada incluso cuando las provoca una ficción, un sueño, una ilusión.

 

Y me pregunto,

 

¿Por qué las frases más ingeniosas, las respuestas más brillantes, se materializan en escenas imaginadas, en presencia de extraños o peor aún, ante indiferentes presencias?

¿Por qué todo es igual y nada es lo mismo?

¿Por qué lo inusual se tolera menos que lo anodino,  ofende más que la ignorancia manifiesta?

¿Dónde estaba cuándo se repartieron ciertas habilidades?

 

Créeme,

 

Mi falta de imaginación, inquietud aventurera, arriesgada resolución, inspiran aburrimiento. Un triste sentimiento, una penosa acusación.

Basta perderme en tus ojos, sentir la caricia de tus manos o una noche entre lunas y copas, para convertirme en protagonista de la gran aventura de vivir.

El placer de viajar no desmerece un paseo por las nubes, unos largos en la bañera, una inmersión bajo las sabanas, un pormenorizado recorrido por el mundo de los sentidos.

Aunque solo mi abuelo creyó que haría algo grande en la vida, durante años esa esperanza formó parte de mi. El sueño de escribir la obra que llevo dentro no se cumplirá porque mi horizonte no va más allá de un mínimo número de páginas en blanco.

A pesar de tener mil y un lugares para visitar, manjares que probar, basta un café intentando esquivar el humo de tu cigarrillo para ser feliz, para batir el récord de velocidad a través de las horas, para viajar por el tiempo sin equipaje ni bagaje.

Si el tiempo pesa, la gravedad descoloca, las arrugas profundizan, la ilusión de creer, la certeza de sentir la vida correr por las venas, el deseo en el cuerpo y la pasión dominar la razón, hacen olvidar fiestas de cumpleaños, las décadas acumuladas, el peso de lo acontecido.

Mi supuesta valentía no va más allá de la osadía de la ignorancia, del atrevimiento de la cabezonería, de la perseverancia de la obstinación, del deseo empecinado de tener razón.

Ahora tengo el convencimiento de seguir el camino hasta el fin sin metas intermedias, ni paradas eternas porque lo mejor está por venir, encontrar o tal vez, solo mostrar.   

 

 

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