CAZADORES DE SUEÑOS

Recogido en la sección "Detrás del mostrador"

En el mundo hay Quijotes y Sanchos, cazadores de sueños y fieles compañeros, apoyo vital en momentos de flaqueza, que acompañan con ánimo resuelto a los soñadores en sus incansables persecuciones. También están los que, escudados tras una retahíla de propósitos  o planes, se pierden en vacua palabrería y ampulosas divagaciones.

Soñar, desear es fundamental, básico diría yo, pero el meollo de la cuestión está en salir al mundo dispuesto a luchar, siempre quedará algo en el camino,  por  alcanzar los objetos de deseo, no siempre oscuros o con aires de grandeza. Son muchos quienes dedican tiempo e incluso la vida al simple hecho de atesorar o coleccionar, utilizándolos como recurrentes temas en conversaciones avivadas por el alcohol y la madrugada.

Para los Quijotes eso es sinónimo de muerte cerebral pero sobre todo espiritual, es incluso peor que la ausencia de deseos y anhelos. Hablamos de la renuncia implícita de uno de los bienes más preciados de los grandes vividores: soñar, desear, creer.

Si bien la ignorancia mitiga la incapacidad, el conocimiento obliga al movimiento, a la acción, al hecho de intentar aún cuando no exista la certeza de alcanzar. Después queda el delicado tema de la consecución, del buen término. Importante sin duda, pero no determinante porque aún en el caso de no conseguir, uno siempre descubrirá o desvelará algún secreto del mundo, del arte de vivir y ahí radica otra forma de existir, otro logro a añadir. Sin duda el conocimiento ahuyenta al miedo situándonos en mejor posición para conquistar o al menos afrontar nuevos descubrimientos.

Al fin y al cabo, de eso va esto de la vida.

 

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