UNA NOCHE DE CINE

Recogido en la sección "Fiestas y otros saraos"

La noche requería ingenio y determinación al más puro estilo de Katherine Hepburn, además de grandes dosis de imaginación. Una vez Robert Redford lavó mi cabeza como solo el sabe hacerlo, Stanley Tucci compartió sus impagables conocimientos en cuanto a estilo y distinción se refiere, abalados por su trabajo en Vogue. Preparada adecuadamente para la extraordinaria ocasión, me reuní con unos viejos amigos: Alfred Hitchcock, Billy Wilder y John Ford en al Rick´s cafe. Nadie toca el piano como el entrañable Sam

La conversación se llenó de mil y un recuerdos, los repetidos viajes a la Toscana, las vacaciones en Roma, o aquella tremenda fiesta cuando terminé desayunando frente a Tiffany, enfundada en un increíble diseño de Givenchi. Alfred habló del gran Truffaut, del laberíntico e irónico mundo de las pasiones, de lo engañoso de las apariencias, los grandes sentimientos humanos como la culpabilidad o el amor y de la identidad del hombre en crisis.

Mientras Wilder se dedicaba a las mujeres, adorables con faldas y a lo loco, Sabrina, Fedora, a las mundanas historias de aquel mítico apartamento o al crepúsculo de los dioses. John por su parte, siempre fiel a su clasicismo heroico, recordó los viajes en diligencia, Fort Apache, Río Grande, o la elegante Africa de Mogambo.

Cuando en un momento indeterminado sonó “Por una cabeza”, no pude detener pies e ímpetu ante la invitación de Al Pacino. ¡¡¡Pura pasión!!!

En un intento por rebajar la tensión, John me acompañó con el Twist, Jack Rabbit Slimms. Con un sorprendente e inesperado resultado, incluso para mi. 

La noche fue larga, amena la conversación y numerosos los gin tonic. Tal vez por ese motivo, el final emulando a Anita Ekberg no resultó exagerado, ni tampoco el juramento, poniendo a Dios por testigo, sobre una próxima reunión con otros grandes amigos.

 

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