VERÓNICA FORQUÉ, EN FEMENINO

Recogido en la sección "Fiestas y otros Saraos".

Hablar en femenino, lleva parejo hacer referencia a sentimientos, sensaciones, percepciones. En la obra Shírley Valentíne, Verónica Forqué borda un vivaz y sincero monólogo, lleno de matices sobre los sinsabores de un ama de casa frustrada y resignada.

Ante el espectador,  una actriz madura con claro dominio de las tablas que no interpreta, abre el corazón, poniendo sentido y sensibilidad en cada frase, argumento, sonrisa, llanto. Con ella, una se siente partícipe de un mundo compartido por otras féminas.

Las mujeres somos complejas, dañinas entre nosotras, competitivas, envidiosas ….. dejémoslo ahí. Volviendo al mundo con A, cuando de forma extraordinaria experimentamos afinidad y complicidad, como dice una amiga, no hay nada mejor.

A lo largo de la obra una siente simpatía por Shírley, a pesar de malgastar la vida, permitir su desaparición como ser humano o su sumisión y letargo. Acompañandola en el repaso, en clave de humor, de la soledad en femenino, esa que habla de grandes silencios, profundos sentimientos, inmenso amor, sexualidad no siempre satisfecha, de dar sin recibir e incomunicación. Es éste el mejor tono para afrontar clásicos tabus, personales revelaciones, sentimientos inconfesables.

El discurso de Shírley reconforta. Siempre es grato comprobar como surge la vida de entre las cenizas, se erige el ser humano sensible y cálido del ama de casa triste y alienada,  como sacrificio no siempre es sinónimo de amor.

Shírley habla de esperanzas, anhelos, entona un sincero llamamiento a hombres y mujeres como partícipes de una realidad digna de ser compartida.

¡Brindemos! El mundo es un magnífico lugar donde levantar nuestras copas.

 

 

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