EL PESO DE LA TRAICIÓN

Recogido en la sección "Detrás del Mostrador"

Puedes haber leído mucho sobre el tema pero nada es comparable con el hecho de encontrarte cara a cara con un víctima de la violencia, no necesariamente física, la intimidación, el miedo. Conocer de primera mano su experiencia, la caída al vacío de la soledad incomprendida, la sin razón justificada, la humillación disfrazada de expiación, los sentimientos guardados largo tiempo en la trastienda del corazón, es sobrecogedor.

Cuánto daño hecho en el mundo en nombre de un supuesto amor, por el bien ajeno o por la expiación de cuestionables pecados, a juicio de crueles desequilibrados parapetados tras elegantes trajes, respetables vidas o sólidos principios.

Pero el mal no termina ahí, se enquista y expande por cada rincón del corazón, del respeto y la dignidad de los maltratados, para sembrar la duda sobre la necesidad de un castigo o una humillación. El perdón se perfila como tabla de salvación cuando en realidad, no es más que otra arma en las hábiles manos de un desalmado insaciable.

A golpe de lagrimas y actos redentores, la certezas se convierten en dudas, la realidad se trastoca y nada es, solo parece.

Salir de este infierno, reunir fuerzas para enfrentarse al verdugo justiciero, para denunciar lo ocurrido, para descubrir asombrada como hay quien cuestiona la veracidad de lo ocurrido, requiere valor, fortaleza y quererse mucho. Aún será largo el camino de la reconstrucción, de la superación pero esta no se completará hasta ver reconocido por los demás el calvario vivido, el profundo daño infringido.

 

 

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